En días recientes, experimentamos uno de los acontecimientos más impactantes en los últimos 5 años, porque recuerdo perfectamente el miedo y la incertidumbre que sentí en la Pandemia por Covid-19, todo el mundo se paralizó, compras de pánico, implementación de medidas de higiene extremas y la advertencia de que ni mantener las ventanas abiertas era seguro (o por lo menos conocí algunos grupos de personas que llevaron sus medidas a ese punto).

Enfrentarse a lo desconocido activa los instintos de supervivencia y miedo en todos los seres humanos, natural, así es nuestra biología, estamos diseñados para sobrevivir, adaptarnos, hacer lo que se tenga que hacer para sobrevivir a las amenazas, una amenaza que en esta situación atentaba en contra de la seguridad de cada individuo, que curioso cómo se ha normalizado hablar de esto, y lo siento aún más por la incertidumbre que sintieron aquellos empresarios que tuvieron que suspender parte o toda su operación por una situación ajena al negocio. Una vez más, podemos comprobar la ausencia de un Estado de Derecho.

El Estado de Derecho y la realidad empresarial

Considero necesario abundar un poco más sobre el Estado de Derecho e hilarlo con una realidad a la que hoy en día, por lo menos hoy en 2026, nos estamos enfrentando, y de ahí que el empresario pueda crear su propio juicio y traducirlo en las medidas de protección y prevención de riesgos que considere necesarias en su empresa.

Desde un análisis que realiza la Corte Interamericana de Derechos Humanos, un Estado de Derecho es aquel que se ha creado partiendo de que como seres humanos nacimos iguales y por ende somos acreedores a una igualdad de condiciones (condiciones dadas por la naturaleza misma, no por el capitalismo) sin embargo, no podemos poseer lo que el otro tiene, no podemos pretender que el negocio de alguien más es nuestro, que las cosas materiales de otros nos pertenecen, los derechos de una persona son suyos así como hay otros derechos que pueden crearse y adquirirse con el tiempo, sin embargo hay algo con lo que se nace y no hay distinciones ni formas de adquisición o pérdida y es la dignidad humana, para lo cual, varios filósofos en el mundo del derecho atribuyeron en tiempos muy antiguos la necesidad de crear el derecho; "el conjunto de normas que crea derechos y obligaciones" depositadas en el Estado para que sea este quien se encargue de hacerlas efectivas, no basta con que estén ahí puestas sin hacerlas efectivas si la ley entonces es usada para encubrir arbitrariedad.

Es el gobierno de normas y no de solo voluntades donde el Estado (nuestro gobierno) responde ante el ciudadano. En el fondo, es una frontera entre autoridad y abuso, por lo que, cuando esa frontera se diluye, no solo se infringe la ley, sino la dignidad misma de las personas.

¿Qué tiene que ver lo anterior con mi empresa?

En realidad, todo. La delincuencia organizada así como las "planeaciones fiscales" ilegales (como lo platicábamos en el artículo anterior a este), han ocasionado que el gobierno actúe sin pensar en los daños colaterales que puede ocasionarle a la economía de México, no solo hablo de las grandes pérdidas que estos días pudieron ocasionar dichas medidas a las empresas en México, sino de la evidente y cada vez más obligatoria necesidad de la implementación de controles internos dentro de las empresas, las últimas reformas sobre todo las de Prevención a Lavado de Dinero, han ido encaminadas a que el empresario implemente controles de identificación de clientes y proveedores para que al momento de hacer negocios tu empresa no se vea "involucrada" o se presuman "nexos" con personas u organizaciones relacionadas con el crimen organizado.

El SAT, la UIF y las investigaciones

Cuando el propio SAT o la Unidad de Investigación Financiera (UIF) descubren que alguien mantiene negocios con recursos de procedencia ilícita (lavado de dinero) le realizan una investigación en coordinación con la Fiscalía General de la República, para identificar realmente de dónde proviene ese dinero y en segundo lugar quiénes son los clientes o proveedores con quien ha realizado negocios, esto, con la finalidad de llegar al fondo del asunto y para revisar si estos últimos hicieron lo que marca la Ley de Prevención al Lavado de Dinero (LFPIORPI):

  • Que se soliciten las identificaciones de los clientes y proveedores y mantener dicha información por cinco años.
  • Que se verifique la veracidad de su empresa solicitando: actas constitutivas, contratos con empleados, en su caso, opiniones de cumplimiento, contratos de arrendamiento, etc.

Con la finalidad de que el empresario se acostumbre a identificar y saber con quién está haciendo negocios, puesto que es muy dado que organizaciones dedicadas al crimen organizado utilicen negocios "formales", ya sean propios a través de prestanombres o tengan acuerdos con negocios "reales" para financiarlos, que estos últimos simulen ganancias o expansión y así el origen del recurso sea lícito y pueda ser dispersado para su uso.

Pareciera algo que a ti o a mí, nunca nos pasaría, pero escribo esto porque lo he visto en la práctica, con clientes que hace años tuvieron otro cliente que en la actualidad tiene una carpeta de investigación en su contra y las autoridades ahora los investigan a ellos, para confirmar si existe conexión con tales actividades o no.

Áreas clave que el empresario debe reforzar

Ante esta nueva realidad, el empresario debe reforzar sus estrategias, sobre todo en las siguientes áreas:

  • Evaluación de riesgos de manera continua: invertir en capacitaciones o asesorías con expertos que te digan cuáles son las obligaciones en materia de Lavado de Dinero que debes cumplir, para no tener multas millonarias (sí, millonarias, en las recientes reformas se aumentó el número de la multa a 4 mdp a quienes no cumplan con lo dispuesto por la Secretaría de Economía en este aspecto).
  • Fortalecer programas de cumplimiento: debes garantizarle a la autoridad que todo lo que haces es legal, por medio de contratos, documentación corporativa completa (actas constitutivas, libros corporativos, etc).
  • Si implementas una estrategia fiscal, ve con profesionales: la compra de facturas ya no es opción; la autoridad puede pensar que estás lavando dinero y por eso no tienes cómo justificar el origen del ingreso.
  • Garantizar debida diligencia: en adquisiciones de inmuebles (incluyendo arrendamientos) y socios nuevos. Verificar antecedentes de socios comerciales, incluidos proveedores y clientes, para detectar posibles vínculos con organizaciones criminales o investigaciones, igual con los inmuebles, identificar a quiénes pertenecen.

Prevención como cultura empresarial

Ante esta situación, existe una dualidad que implica riesgos y oportunidades: podemos seguir reaccionando cuando el problema ya explotó, o podemos asumir que el contexto cambió y actuar en consecuencia. El Estado de Derecho, como frontera entre autoridad y abuso, hoy se percibe frágil; y cuando esa frontera se debilita, las reglas dejan de ser un escudo suficiente. Por eso la prevención no puede ser un tema secundario ni una formalidad administrativa más: debe convertirse en cultura empresarial.

Si el Estado no logra garantizar plenamente condiciones de seguridad jurídica y económica, el empresario está llamado a construir su propio sistema de protección interna.
  • Controles
  • Documentación
  • Cumplimiento
  • Estrategia fiscal legal
  • Debida diligencia

No son cargas, son muros de contención frente a un entorno incierto. No se trata de operar con miedo, sino con conciencia.

Tu empresa no es solo una figura jurídica; es una extensión de ti, de tu trabajo, de tu visión y de tu apellido. Lo que hoy refuerces con estructura, cumplimiento y prevención, mañana será estabilidad para tus hijos y a quienes atribuyas tu legado. La verdadera herencia no es solo el patrimonio, sino un negocio sólido que resiste crisis, investigaciones y cambios regulatorios. Y esa fortaleza no se improvisa: se construye antes de que sea necesaria.

Nos vemos pronto.

Abogada Fernanda Ortiz